viernes, 27 de noviembre de 2015

RIMA LXVII


¡Qué hermoso es ver el día 

coronado de fuego levantarse, 


y, a su beso de lumbre, 

brillar las olas y encenderse el aire! 


¡Qué hermoso es tras la lluvia 


del triste otoño en la azulada tarde, 

de las húmedas flores 

el perfume aspirar hasta saciarse! 


¡Qué hermoso es cuando en copos 


la blanca nieve silenciosa cae, 

de las inquietas llamas 

ver las rojizas lenguas agitarse! 


Qué hermoso es cuando hay sueño, 


dormir bien... y roncar como un sochantre 

y comer... y engordar... ¡y qué desgracia 

que esto sólo no baste!.




Gustavo Adolfo Bècquer

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